Detectar a tiempo las dificultades del alumnado no solo permite intervenir antes, sino también comprender su manera única de aprender. Un diagnóstico temprano no etiqueta: abre puertas a la comprensión y evita años de frustración o baja autoestima derivados de malinterpretar conductas o rendimientos (Jiménez et al., 2021).
Cuando un niño o adolescente recibe una evaluación adecuada, familias y docentes pueden ajustar sus expectativas y estrategias. Saber que un alumno tiene TDAH, dislexia o TEA no significa reducirlo a una categoría, sino entender qué necesita para alcanzar su máximo potencial (American Psychiatric Association, 2022). Este conocimiento mejora la comunicación entre escuela y familia y reduce la probabilidad de conflictos o juicios erróneos.
Además, la investigación muestra que la intervención temprana mejora notablemente el pronóstico académico y emocional. Cuanto antes se actúe —desde programas de apoyo hasta adaptaciones metodológicas— mayor será la probabilidad de éxito escolar y bienestar socioemocional (Carroll et al., 2020). La clave está en actuar antes de que la dificultad se cronifique o afecte la autopercepción del alumno.
En definitiva, el diagnóstico temprano no es un fin, sino un punto de partida. Permite a orientadores, familias y docentes comprender, acompañar y diseñar entornos educativos más justos. Entender al alumno cambia todo: transforma la mirada de “problema” en la de “persona con un modo propio de aprender y sentir”.
Bibliografía
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American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). APA Publishing.
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Carroll, J. M., Snowling, M. J., Hulme, C., & Stevenson, J. (2020). The development of literacy difficulties in children: Early identification and intervention. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 61(4), 451-465.
- Jiménez, J. E., Rodríguez, C., & Ramírez, G. (2021). Early identification and intervention in learning difficulties: Advances and challenges. Frontiers in Psychology, 12, 642.